

por Elizabeth Schroeder
ara derrotar la pandemia de COVID-19 es imprescindible llevar a cabo un esfuerzo de vacunación masiva en todo el mundo, pero la logística para conseguirlo es increíblemente compleja. Dos de los factores más complicados son el almacenamiento y el transporte.
La distribución de las dosis de vacunas es mucho más complicada que simplemente introducir los viales en cajas y cargarlos en un camión. Desde el momento en que una vacuna sale del fabricante hasta el momento en que se administra a un paciente debe mantenerse en condiciones ideales y muy específicas. Por ejemplo, la vacuna contra la COVID-19 de Pfizer debe mentenerse a una temperatura de -70 °C. Por eso, el éxito de las campañas de inmunización a gran escala depende de una cadena de frío fiable: un sistema para almacenar y transportar las vacunas de forma segura a las temperaturas recomendadas.
Una cadena de frío sin fisuras combina tres elementos igualmente importantes:
Las vacunas sólo pueden proteger contra las enfermedades si se suministran de forma segura. La sobreexposición al calor, al frío o a la luz puede dañar la calidad de las vacunas. Esto no sólo disminuye su eficacia, sino que también provoca el desperdicio de vacunas y pérdidas económicas. Entre las vacunas estropeadas, los costes de reposición y los gastos administrativos, los errores de la cadena de frío cuestan a los transportistas sanitarios miles de millones de dólares al año.
Desde hace más de 30 años, los socios de Rotary apoyan la distribución segura de las vacunas contra la polio a todos los rincones del mundo. En lo que respecta a la COVID-19, estamos igual de comprometidos a llevar las vacunas a todos. Infórmate sobre cómo desempeñamos nuestro papel en http://on.rotary.org/covid19efforts.
FUENTE: Rotary.org