Recuperando la ilusión y la magia con RC Tarraco August

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Las Navidades son para muchos las fiestas familiares por excelencia, una oportunidad única para que los más pequeños de cada casa inunden de ilusión cada rincón de su hogar brindándole a los suyos la oportunidad de vivir intensamente estos días de magia.

Una bella realidad que, sin embargo, no es la vivida por todos los niños. Son cientos los menores que, actualmente, viven en Centros de Menores, pequeños que no sólo no pueden disfrutar de la calidez de su hogar sino que en muchos casos han sido víctimas de violencia familiar, abandonos e incluso agresiones sexuales.

Duras experiencias para unos pequeños que han sentido en primera persona el horror. Con el objetivo de paliar un poquito este sufrimiento, y sobre todo, con la intención de que sepan que ellos también son importantes, el Rotary Club Tarraco August continúa trabajando en su proyecto ‘Noche de Reyes, noche de Magia’.

Así, por segundo año consecutivo, una veintena de menores que se encuentran tutelados por la Generalitat  de Cataluña pudieron disfrutar de un día lleno de ilusión. Para ellos, la experiencia comenzó hace meses cuando iniciaron sus misivas reales y, es que para muchos era la primera vez que tenían la oportunidad de dirigirse a sus Majestades de Oriente.

Los miembros del Rotary Club Tarraco August ejercieron, en esta ocasión, de pajes reales, haciéndoles llegar sus peticiones y anhelos a Melchor, Gaspar y Baltasar.

Y tras mucha espera, llego el ansiado momento, un día pensado para ellos, una jornada festiva en la que ellos también eran los protagonistas. Es difícil expresar con palabras los sentimientos que estos pequeños experimentaron, ya que cuando se ha sufrido como ellos, cuando han quebrado su inocencia y les han robado la ilusión, ver que sigues siendo importante, que alguien que no te conoce piensa en ti, y cree en ti, te devuelve la esperanza.

Balones, peluches, altavoces y ropa fueron algunos de los regalos solicitados por estos pequeños, que en algunos casos no quisieron desaprovechar esta misiva mágica para pedir un hogar, una familia.

Y aunque algunas de estas peticiones no se pudieron satisfacer, esta veintena de niños disfrutaron, rieron, soñaron y, de mano de los rotarios, aprendieron que el valor de las cosas no radica en el precio que tienen sino en los sentimientos que los acompañan.

 

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